Esclavizados por la libertad
Ayer me encontré con un artículo que habla sobre el origen de la marca "Blackberry" para el conocido teléfono inteligente que muchos usamos en estos días.
Decía el relato que "black berry" es la expresión con la que se solía nombrar a esa bola de hierro negra e imperfecta, que se ataba a los tobillos de los esclavos para que no pudiesen escapar (haciendo referencia con su parecido a una mora, en inglés: berry).
Por supuesto, el párrafo siguiente establecía un paralelismo entre el significado que la bola de hierro tenía para el 'amo', y el que el 'smartphone' tiene para el empleador del siglo 21.
Aunque me da escalofríos pensar que alguien pueda crear una marca bajo tan siniestra inspiración, la conclusión de que "el Blackberry esclaviza" no me parece original, ni se sale de la típica tendencia a eludir responsabilidades.
En esta línea de pensamiento nos olvidamos, una vez más, de que somos inevitablemente libres.
Dejando de lado (para no entrar en más detalle) el caso de que estemos materialmente atados a una bola de hierro, o seamos sometidos a otras formas similares de privación de la libertad, todas y cada una de las cosas que hacemos se originan en una elección personal, individual, estrictamente propia.
Sentirnos esclavos del trabajo (o habilitar a que nos consideren esclavos), sentirnos esclavos de nuestros hijos, o de un familiar enfermo que depende de nosotros, sentirnos esclavos de la comida, la droga o cualquier otro objeto de adicción, no es más que una forma (a veces demasiado cómoda) de no hacernos cargo de nuestras elecciones de vida.
Lo cierto es que todos podemos renunciar, cambiar, abandonar. Las únicas 'black berries' que nos encadenan son las que nosotros mismos atamos en nuestro sistema de valores. Y no quiero decir con esto que no vivamos condicionados, porque nada en esta vida está exento del párrafo en letra chica (ya sea que tengamos o no conciencia de esto), pero nadie puede elegir por nosotros a qué contrato adherir.
Se pueden escribir disertaciones de horas acerca de la moral de la empresa que pretende esclavizar a sus colaboradores, seduciéndolos con el falso beneficio que supone portar la última tecnología en teléfonos celulares; pero no seamos tan necios de omitir la reflexión acerca del empleado, porque es él quien le otorga valor a la estrategia, es él quien tiene la última palabra!.
Me parece que el papel de víctima está entrando en obsolescencia, es hora de asumir nuestra libertad y dejar de culpar al "afuera" por las cosas que nos molestan, después de todo, los aspectos negativos de las situaciones no son más que el costo que pagamos por sus aspectos positivos. Si contra algo hemos de luchar, será contra la persecusión de la perfección, será contra la espectativa infantil de que el lado oscuro de cada cosa desaparezca de la escena como por arte de magia, porque ser ‘adulto’ significa hacerse cargo de la vida que construimos con la libertad que nos esclaviza.
Entonces, quien se sienta esclavo del Blackberry, que siga las instrucciones para sacarle la batería.
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