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Mostrando entradas de julio, 2012

No me preguntes

No me preguntes, amor, qué es lo que digo, no me preguntes cuando leas mis poemas, en mi alma femenina hay mil dilemas que al perder misterio perderán sentido. Que no te abrume, amor, ver en mis letras historias de romances del pasado, no son más que sentires olvidados que reviven en mi para inspirarme. Ojalá pudieras disfrutar mis versos sin tratar de comprender, solo entonando, como si fuesen las estrofas de un buen vino, que en sus gotas te tiene obnubilado. Tenés que saber, amor, y no lo olvides: es mi amor por vos inquebrantable, no intentes descifrarme en mis mensajes, no hay secretos que contar, amor, es solo arte.

Revive en mis sueños

Amanecí una vez más profundamente sumida, en aquel tiempo lejano que de repente volvía. Cuando en sublime silencio ansiaba que me buscaras, y cada vez sorprendida tras mi puerta te encontraba. Yo sostenía tu amor aún cuando no me amaras, y te sentía cerca aún cuando te escaparas. Y las tardes infinitas que tu voz iluminaban, iban marcando huellas imborrables en mi alma. Y disfrutábamos juntos de sensaciones sin nombre, que con silencio acallabas si acaso se desbordaban. Y en afán de no perderte reinventaba el personaje, para que siempre tuvieras un lugar en mi paisaje. Me desperté esa mañana invadida de emociones, se sucedieron las horas andando contradicciones. Y al pensarte me reencuentro con esos días de hadas, y con ese único beso que guardé bajo mi almohada. Como símbolo tangible de sentires intocables, como el intento fallido de un amor improbable. Y ese plácido refugio que yo tenía a tu lado, hoy vuelve como el recuerdo de mi viej...

Virada

Despojarme del deseo ajeno y así encontrar en mí mi propia vida, con ojos abiertos, antes ciegos verme animada y no abatida. Entera tras haber llorado el duelo de aquella que infalible se creía, asomarme a mi alma y tras su velo a mi sombra darle, al fin, la bienvenida. Desterrar de mi voz, por siempre, la queja que impiadosa victimiza, sabiendo mi dolor tan mío, como mi calma, mi inquietud, mi dicha. Liberada de ignorantes promesas que por bienintencionadas yo creía, vivir con la única certeza de que en nada existen garantías. Adueñarme de una vez, y hasta la muerte de cada paso que doy, de mis pisadas, y admitir de corazón y mente que solo de ser libre soy esclava.