Sueños compartidos
Yo, que hace 5 años leía ávidamente el Duérmete Niño y comentaba orgullosa con mis compañeras de la oficina los "buenos resultados" que estaba obteniendo al seguir prolijamente sus instrucciones, me fui a dormir anoche: me subí a la cama por los pies, caminé casi hasta las almohadas, corrí para un lado a Sofi, cambie la posición del brazo de Fran y me metí debajo de las sábanas (con una técnica que no se como explicarles, pero que no destapa a nadie). A Fran le da risa cuando digo que duermo como "el jamón del sandwich", pero es tal cual!: el espacio que me toca es (con suerte) igual al ancho de mis hombros, y adquirí el hábito de acomodarme el pelo todo el tiempo para que no le quede a ninguno en la cara. En mi noche también rige aquel viejo dicho que nos recuerda que "el que se va a Sevilla pierde su silla", porque si me doy vuelta para un lado, no puedo arrepentirme sin tener que sacar brazos, piernas o cabezas del pequeño espacio que quedó libre y ...